Entrenamiento mental… Ah! ¿Qué eso existe?

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Como tenista, desde que pisaste por primera vez una pista, tendrías algunos de los siguientes propósitos: aprender un nuevo deporte, disfrutar del tenis, ser cada día mejor o de cara a la competición, rendir mejor para ganar partidos.

Tu entrenador te iba enseñando todo lo relacionado con la técnica y los movimientos básicos de juego como el drive, el revés, la bolea… Además, te guiaba en la mejora de la coordinación, de la velocidad de reacción al igual que te ayudaba en la potenciación de tu fuerza física para poder llegar a las bolas más difíciles.

También, de cara a la competición, pudiste aprender algunas de las tácticas de juego, como hacer algún análisis previo del rival al que te enfrentabas. Todo esto te ha hecho sentirte seguro y preparado porque, ¿qué más necesitabas? Algunos pensareis que nada más.

Pero puede ser que, en algún entrenamiento, te sintieras más disperso de lo normal porque fuiste incapaz de olvidar lo que te había pasado a nivel personal; quizás otro día tras disputar ese torneo donde eras el favorito, perdiste y notaste que ya no confiabas tanto en ti e ir a entrenar te costaba más de lo normal, porque sentías que te habías “estancado” o incluso puede que en algún momento no durmieras bien el día antes de una competición. Entonces, ¿qué te podía estar ocurriendo?

Quizás muchos de vosotros ya habréis caído en lo que os estaba pasando porque os decíais frases como “hoy no tengo buenas sensaciones”, “hoy estaba disperso, como con la mente en otro sitio”. Pues sí, no andabas por mal camino, era la mente la que no estaba en sintonía con tu cuerpo. Pero ¿es qué la mente se entrena? Pues efectivamente. Está demostrado que, entre dos tenistas, que tienen un nivel muy similar a nivel físico, técnico y táctico, la diferencia entre ganar o perder está en la fortaleza mental y las nuevas conexiones que han surgido en su cerebro mediante el aprendizaje de nuevas habilidades.

Todo jugador de tenis lo ha experimentado en sus propias carnes: cuando su cuerpo y su mente van conectados, su juego fluye, se siente cómodo con su juego, y sobre todo no tiene que hacer demasiados esfuerzos para encontrar su esencia jugando. Simplemente juega.  Pero ¿cuál es la explicación a todo esto? El golpe no sólo se expresa como resultado de la biomecánica del movimiento que hace el jugador, sino como resultado de sus emociones, su estado fisiológico y necesidades personales. Entonces es probable que en este momento asalten dudas queriendo encontrar respuesta:

¿Qué se trabaja con el psicólogo deportivo?

Un mito muy común es pensar que el psicólogo deportivo tiene el papel de “motivador”, que saca la varita mágica y formula un hechizo para que salgas al partido más enchufado y metas más bolas que nunca; y no, esto no es un psicólogo deportivo.

El entrenamiento mental requiere todo un proceso de aprendizaje y de transformación, donde el tenista va aprendiendo a regular sus procesos internos y externos en los momentos previos a la competición, durante los puntos, periodo entre puntos, saque o Tie Break. Mediante el trabajo de la confianza, las rutinas, la visualización, la relajación y la motivación, adaptadas a los diferentes momentos, el tenista mejorará su rendimiento.

¿Cómo lo trabajo?

El entrenamiento mental es igual de importante que el físico. Sin constancia, tenacidad, entrega y práctica, los conocimientos aprendidos se disiparán, como hacen las burbujas de gas cuando abres una Coca-Cola. Por eso, aprender una serie de habilidades mentales que luego no transfieres al entrenamiento carece de sentido.

A nosotras nos gusta explicar la importancia del entrenamiento mental con este ejemplo: imagínate que tú, deportista, te sientas en una silla de 4 patas. La primera pata que te sostiene como tenista es el entrenamiento físico que te ayudará a mejorar habilidades como la fuerza, la velocidad o la resistencia; la segunda pata es el entrenamiento técnico que hará que tengas todos esos movimientos técnicos básicos; la tercera pata es el entrenamiento de la táctica del tenis que te ayudará para tener más estrategias en cada punto del partido. Pero si nos quedamos con esas tres patas, esa silla se caerá (y tú, que estás sentado en ella, también) porque te falta la cuarta pata, el entrenamiento mental.

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